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lunes, 26 de enero de 2009

Astaarth - Gloria Burgundia



Me complace traerles a uno de los grupos de black folk para mi sorpresivos, dado que hasta hace poco no sabía de la existencia de estos franceses. De Francia ya hemos visto surgir excelentes agrupaciones que combinan el black metal con influencias de folk y música celta; como ejemplo menciono a Hantaoma, Bran Barr, Heol Telwen.. un gran repertorio de bandas que en sus letras reviven las tradiciones de sus ancestros y mantienen vivo el legado histórico que les caracteriza.
Para introducir a estos tipos me imagino ya han de haber notado en entradas anteriores que soy muy devoto de los grupos que emplean instrumentos folklóricos reales en sus grabaciones, desdeluego que en la medida adecuada no deforman la estructura blacker tan esencial y tampoco caen en esas patrañas vanguardistas que tanto detesto. Así, considero que este tipo de bandas merece respeto de nuestra parte y por supuesto que son de especial interés y atención.
Con esta idea paso de lleno a revisar el disco, y es que con Astaarth serán testigos de entrada a una épica abrumadora y despiadada con clásicas recreaciones ambientales, escenarios de batallas, himnos de guerra y cánticos por la victoria que nunca desentonan con su implacable black metal que además de ser frío y cruel, gusta y mucho. Es que la composición blacker se marca con aplastantes blasbeats tal que su baterista nunca desanima, permanece sonando claro y limpio en cada aparición que se le presenta. Las guitarras son pesadas y su letal distorsión ayuda a realizar esas atmósferas que se adecuan como vientos de muerte al campo de batalla. Aún así también dejan espacio para toques ligeros y discretas melodías que dan un respiro afuera del estruendo de escudos y espadas; ya que anuncian la celebración de una victoria por mucho tiempo anhelada. En cuanto a la voz del tipo, suele ser más chillona e irritante que la rasgada tradicional; luce como una criatura gruñendo por los bosques y los ríos aunque hay momentos donde ejecuta voces claras que son muy leves, pero cambian el plan dando más variedad de la que por si sus intrumentos folk proverán.

Es genial percibir sus tambores de guerra a tiempos marcados enmedio de su black metal, con lo cual se dará cabida poco a poco a cada instrumento folk que les iré presentando. También es estupendo cuando su coro pagano nos deleita, al principio su tono con claras influencias medievales le imparte ese toque oscuro, místico y sanguinario que se vuelve genuino cuando lo relevan ligeros violines pero sobre todo cuando sus letras van al parecer en latín o en francés.
Su segunda canción es "Vae Victis" y sin duda es la que más me ha gustado, ya que en esta aparecen algunos instrumentos raros que nunca antes había escuchado en otra banda. Su inició no es muy claro, parecería alguna especie de órgano pero en realidad son las notas de su espineta, un instrumento de cuerdas pulsado con teclado. Pero ahí no acaba lo novedoso, pronto se agrega la extraña música creada con cucharas, esta suena como un veloz redoble que apenas se logra distinguir entre huecos instrumentales, de haberse usado a tiempos con las voces blacker, difícilmente se percibieran.
Por increible que parezca su black metal permanece inalterado y sigue brutal aún cuando cada instrumento folk aparece, su vocalista chillón es testigo de como la flauta, el banjo y hasta el acordeón van poco a poco demostrando el ingenio musical de estos tipos. A esto agreguen que al coro (que ahora luce como un catalizador del sonido pagano) le suele relevar la delirante voz de una chica que casi nada tiene que ver en esto pero su leve aparición también dejó huella en esta obra maestra.
A medida avanzamos con las demás canciones observamos como su melodía va adaptándose a la influencia folkie, pero nunca se permite que las guitarras pierdan su filo y que su vocalista se desanime entre tanta cosa. Cada vez más se nos introduce a nuevas combinaciones instrumentales; la pandereta armoniza con gaitas irlandesas y zamoranas mientras que el arpa de boca no abandona el ritmo de las cucharas y los finos silbatos al de sus guitarras acústicas y sin faltar su acordeón.

Astaarth me ha envuelto definitivamente en su producción; casi una hora con sus sonadas tan completas y con mucha variedad musical tal que no aburren a pesar de que la mayoría son largas; cuatro de sus siete temas están arriba de los nueve minutos
Me he quedado con ganas de escuchar el debut y analizar sus comienzos, ya que este es su segundo álbum aunque el primero que se lanza gracias a una productora. Ciertamente dudo que antes hallan sonado igual o mejor que ahora, por lo pronto nos quedaremos con este disco que lastimósamente su productora no tiene capacidad o voluntad para distribuirlo fuera de Europa.